Enseñanzas

Ocho Versos para Adiestrar la Mente

Lo Yong — Ocho Versos para Adiestrar la Mente

Geshe Langri Thangpa

Los Ocho Versos para Adiestrar la Mente son una de las enseñanzas más queridas de la tradición budista tibetana. Compuestos en el siglo XII por el maestro Geshe Langri Thangpa, condensan en ocho breves estrofas el corazón del adiestramiento mental (lojong): transformar las dificultades cotidianas en oportunidades para cultivar la compasión y la sabiduría. Su Santidad el Dalái Lama los ha señalado en numerosas ocasiones como una de sus prácticas de cabecera.

  1. Con la determinación de lograr el mayor beneficio para todos los seres sintientes, que son más preciosos que una joya que cumple los deseos, aprenderé a apreciarlos en todo momento como lo más valioso.

  2. Siempre que me encuentre con otros, practicaré considerándome a mí mismo como el menor de todos, y desde lo más profundo de mi corazón apreciaré a los demás como supremos.

  3. En todas mis acciones examinaré mi mente, y en el momento en que surja una emoción aflictiva que pueda dañarme a mí o a los demás, la enfrentaré y la disiparé sin demora.

  4. Cuando vea a seres de naturaleza difícil, abrumados por una negatividad intensa y por el sufrimiento, los apreciaré como si hubiera encontrado un tesoro precioso, difícil de hallar.

  5. Cuando otros, por envidia, me trate con abuso, calumnia y desprecio, practicaré aceptando para mí la derrota y ofreciéndoles a ellos la victoria.

  6. Cuando alguien a quien he ayudado, o en quien he puesto grandes esperanzas, me trate de manera profundamente injusta, practicaré viendo a esa persona como un maestro espiritual.

  7. En definitiva, ofreceré directa e indirectamente todo beneficio y felicidad a mis madres, todos los seres; en secreto, tomaré sobre mí todo su daño y sufrimiento.

  8. Mantendré estas prácticas libres de la mancha de las ocho preocupaciones mundanas, y comprendiendo todos los fenómenos como ilusorios, practicaré sin apego para liberar a todos los seres de sus ataduras.


Aunque breves, estos versos contienen instrucciones profundas que pueden acompañar toda una vida de práctica. No buscan una lectura única, sino una contemplación pausada y repetida: cada verso invita a examinar la propia mente y a cultivar una actitud de bondad hacia los demás, especialmente hacia quienes nos resultan difíciles. Se recomienda leerlos lentamente, reflexionar sobre su sentido y, poco a poco, llevarlos a la experiencia diaria.